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jueves, 11 de septiembre de 2008

IMagen Principal Artículo 15

El capitalismo, por su naturaleza, genera el llamado libre trapicheo. Por su naturaleza, es capaz de arrancar la vida de millones de obreros por el simple hecho, de extraer, a base de intentar extraer del trabajador, el máximo rendimiento posible.
Dotar al capital de libertad absoluta, puede provocar estados de auténtica esclavitud, incluso con muchísima más crueldad que la esclavitud que aplica un patricio a su esclavo en cualquier barco a remo.
El capital es explotador por naturaleza, la propiedad privada de los medios de producción en manos de unos pocos, provoca que el pueblo, tenga que vender su única posesión para poder sobrevivir: su fuerza de trabajo. El capitalista, burgués, empresario o como queráis llamarlo, encuentra en esa fuerza del trabajo, el único medio por el cual encuentra beneficio económico, y por ello, intentará por todos los medios, explotarla al máximo de múltiples formas.

Para poder ilustrar como, dando rienda suelta al capital, este, es capaz incluso de matar por plusvalía, expondremos el caso de Mary Anne, en la Inglaterra de 1863.
Con este ejemplo, demostraremos, que el capitalismo mata, y como, una persona, es capaz de morir por exceso de trabajo. Morir de trabajo. Veremos, como un trabajo no excesivamente físico como el de modista, puede llegar a matar.
Dicho ejemplo, lo extraemos del libro de Carl Marx, El Capital I - Sección III (la producción de la plusvalía absoluta) - VIII. La jornada de trabajo - 3. Ramas de la industria inglesa sin limites legal de explotación:


 De entre el abigarrado montón de obreros de todas las profesiones, edades y sexos que nos acosan con más ahínco que las almas de los estrangulados a Ulises, y en cuyas caras se lee a primera vista, sin necesidad de llevar los Libros Azules bajo el brazo, el tormento del trabajo excesivo, vamos a destacar por último dos figuras cuyo llamativo contraste de muestra que todos los hombres son iguales ante el capital: una modista y un herrero.
En las últimas semanas de junio de 1863 todos los periódicos de Londres publicaron un suelto con el título sensacional: Death from simle Overwork (muerte por simple exceso de trabajo). Se trataba de la muerte de la modista Mary Anne Walkley, empleada de un honorabilísimo taller de corte, explotado por una dama con el nombre ameno de Elisa. Volvióse a descubrir la vieja historia, contada tantas veces, de que estas muchachas trabajan por término medio 16 1/2 horas, y durante la temporada hasta 30 horas sin interrupción, para lo que había que mantener en tensión su fuerza de trabajo, cuando fallaba, suministrándoles de vez en cuando vino de Jerez, de Oporto o café. Y era precisamente el momento culminante de la temporada. Había que confeccionar en un abrir y cerrar de ojos los vestidos suntuosos de las damas nobles para el baile de homenaje a la recién importada princesa de Gales.
Mary Anne Walkley había trabajado 16 1/2 seguidas, junto con otras 60 muchachas, amontonadas en 2 cuartos que no encerrarían ni la tercera parte de metros cúbicos de aire necesario para respirar, mientras que por la noche compartían de dos en dos una cama instalada en un agujero donde con unos cuantos tabiques de tabla se improvisaba un dormitorio (89). Y este era uno de los mejores talleres de modistas de Londres. Mary Anne Walkley enfermó el viernes y murió el domingo, sin haber terminado, para asombro de la señora Elisa, su última pieza.
El médico, señor Keys, llamado al lecho de la moribunda demasiado tarde, declaró ante el Coroner's Jury (comisión forense) con estas escuetas palabras: "Mary Anne Walkley murió por exceso de horas de trabajo en un taller abarrotado y en un dormitorio estrechísimo y mal ventilado"
Para darle al médico una lección de buen comportamiento, el Coronel`s Jury, declaró en cambio: "La difunta ha muerto de apoplejía, si bien hay razón para temer que su muerte ha sido acelerada por exceso de trabajo en un taller estrecho".

Nuestros "esclavos blancos", clamaba el Morning Star, órgano de los señores del librecambio Cobden y Braight: "nuestros esclavos blancos son lanzados a la tumba a fuerza de trabajo y agonizan y mueren en silencio:
"La orden del día es trabajar a muerte, no sólo en los talleres de modistas, sino en mil lugares más, sí, en todo lugar donde florece la industria..." Tomemos el ejemplo del herrero.

Si hemos de creer a los poetas, no hay hombre más vital y alegre que el herrero. Se levanta temprano y arranca chispas al hierro antes de que salga el sol; come, bebe y duerme como ningún otro hombre. Desde un punto de vista puramente físico, estaría en una de las mejores posiciones humanas si trabajase normalmente. Pero sigámoslo por la ciudad y veamos la carga de trabajo que pesa sobre este hombre fuerte y el lugar que ocupa en los índices de mortalidad de nuestro país. En ivlary-lebone» (uno de los barrios más grandes de Londres) «los herreros mueren en la proporción de 31 por 1.000 al año, o sea, 11 por encima de la mortalidad media de los hombres adultos en Inglaterra. Este oficio, arte casi instintivo de la humanidad, impecable de por sí, se convierte en destructor del hombre por el simple exceso de trabajo. Puede descargar tantos martillazos, dar tantos pasos, respirar tantas veces al día, y vivir por término medio 50 años, por ejemplo. Pero se le obliga a dar tantos martillazos más, a andar tantos pasos más, a respirar tantas veces más al día, y todo junto hace que su desgaste diario de vida aumente en una cuarta parte. El lo intenta, y el resultado es que durante un período limitado ejecuta una cuarta parte más de tarea y vive 37 años en vez de 50.



Logo_Komando anticapitalistaNOTAS
(89) - El Dr. Letheby; médico activo ante el Board of Health, declaró entonces: «El mínimo para adultos debiera ser de 300 pies cúbicos en un dormitorio y de 500 pies cúbicos en un cuarto de estar.» El Dr. Richardson, director de un hospital de Londres: «Costureras de toda clase, entre ellas sombrereras, modistas y costureras corrientes padecen de tres males: exceso de trabajo, falta de aire y escasez de alimentación o digestión deficiente. En general, este trabajo se adapta mejor, desde luego, a las mujeres que a los hombres. Pero la desdicha de esta industria es que, especialmente en la capital, está monopolizada por unos 26 capitalistas, quienes con los medios de poder emanados del capital (that spring from capital), sacan forzosamente economía del trabajo (force economy out of labour, quiere decir, economizan gastos a base de derrochar fuerza de trabajo). Su poder se siente en el ámbito de toda esta clase de obreras. Si una modista puede hacerse con un pequeño círculo de clientes, la competencia la obliga entonces a matarse trabajando en casa a fin de que no se le vayan, y, necesariamente, tiene que infligir el mismo trabajo excesivo a sus ayudantas. Si le fracasa el negocio o no puede establecerse independiente, entonces se dirige a un establecimiento, donde el trabajo no es menor, pero el pago es más seguro. De esta manera se convierte en una pura esclava, lanzada de un lado para otro por el oleaje de la sociedad; condenada a morirse pronto de hambre en una pequeña habitación de su casa, o poco menos; luego, de nuevo al trabajo, 15, 16, 18 horas de las 24 del día, en un aire insoportable y con una alimentación que, aunque fuese buena, no podría digerir bien por la falta de aire. De estas víctimas se nutre la tisis, que no es más que una enfermedad respiratoria.» (DR. RICHARDSON, «work and Overwork»,en Social Science Review, 18 julio 1863.)


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Escrito por: monje_roj0 a las 0:59   |  Asuntos Socio/Politicos
Debatido por: (1)
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El Debate a este artículo
La Opinión de:   ciro
miércoles, 24 de febrero de 2010  a las   16:23
es un claro ejemplo de como el sistema capitalista es el que determina la codicia del hombre y no su naturaleza en si